no te prometí el perdón.
había mucha noche afuera,
y le tuve miedo al mismo miedo.
a decir cosas sólo con la boca de la poesía violentada.
te dibujé la amargura.
y en los huesos podías olerla tierna aún.
era todo lo de adentro hirviendo,
desintegrándose.
respirando sólo por los poros contaminados.
y tu espalda huyendo me dijo: adiós.
y nunca más volvimos a sujetarnos la mirada con las manos heladas.
y jamás volvimos a querer construir ciudades.
ni a hacernos el amor.
las caricias se pudrieron en la esquina.
y el recordatorio hoy
me juega en las entrañas
y justo anoche se le ocurrió
no dejarme dormir.
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